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Miedo escénico

imageHace unos días se publicaba la noticia de que la cantante Pastora Soler “dejaba su actividad profesional hasta que recuperase la confianza en sí misma”. Es llamativo que una artista con tantos años de experiencia sobre los escenarios desarrolle un miedo escénico; pero es comprensible si repasamos lo que le ha sucedido en los últimos meses.

Sufrió un desmayo en mitad de un concierto y, por recomendación médica, pospuso todos los conciertos de los meses siguientes. Al volver a los escenarios padeció vértigo por lo que volvió a aplazar los siguientes compromisos. Mas adelante realizo varios conciertos con éxito, hasta este último, en el que, según refiere, le “fallaron las fuerzas afectándole, esta vez, incluso a la garganta”.

El “miedo escénico” se caracteriza por un miedo irracional a hablar o actuar en público, y se manifiesta a través de pensamientos negativos, reacciones fisiológicas y determinadas conductas.

La persona que lo padece percibe al público como una amenaza porque pueden rechazarle, cuestionarse su valía o hacerle perder su estatus.

El cuerpo reacciona ante este “peligro” . El aumento de la temperatura corporal, la taquicardia o arritmia, la sudoración, el temblor o rigidez muscular, la sequedad bocal y dificultad para tragar son las reacciones fisiológicas más frecuentes.

Los pensamientos de amenaza y las reacciones fisiológicas interfieren en la actuación de la cantante porque capturan su atención. Ya no está únicamente centrada en su canción, sino dividida entre ésta, los pensamientos negativos y las sensaciones corporales que además de generarle malestar le preocupa que puedan ser percibidas por el público.

Una conducta frecuente en estos casos es la ingesta de fármacos porque atenúan las reacciones fisiológicas.Sin embargo, para superar el miedo escénico lo más eficaz es una terapia psicológica personalizada que combine técnicas de reestructuración cognitiva, relajación, exposición y entrenamiento en habilidades sociales.

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¿Por qué mi hijo no me deja salir?

 

Kind weint und hält sich am Bein der Mutter fest schreit

Ansiedad de separación

 

“No entiendo por qué mi hijo se pone como se pone cuando voy a salir de casa, parece como si pensase que no voy a volver”, “no sé si me está manipulando o es que realmente lo pasa mal”.

Esto es lo que piensan los padres cuando van a salir y el niño se agarra desesperadamente a sus piernas, llora  e incluso se enrabieta,  no se duerme hasta que no vuelven, pregunta insistentemente a dónde van a ir y a qué hora estarán de vuelta,  no quiere quedarse en los cumpleaños si los padres se van, ni a dormir en casa de los amigos o los abuelos.

A estos comportamientos subyace  la creencia de que les puede pasar algo malo a sus padres, de que puede quedarse solo si ellos mueren.  Ante esos pensamientos su cuerpo se activa como si se enfrentara a un peligro real. El corazón se acelera, la respiración se agita y entrecorta, nota opresión en el pecho, un “nudo” en la garganta…En definitiva, un conjunto de sensaciones desagradables que le generan mucho malestar, pero que no sabe definir y expresar.

Para aliviar ese malestar intenta evitar que los padres salgan. Si ellos renuncian a salir las sensaciones desagradables desaparecen y padres e hijo se tranquilizan. Pero el miedo sigue enquistado, condicionando la vida de los padres y del niño.  Éste aprende que para estar a gusto y tranquilo sus padres tienen que estar cerca. No se da la oportunidad de comprobar que cuando sus padres salen no pasa nada, que puede llegar a estar bien aunque esté en casa con otro cuidador.

La terapia psicológica orientará a los padres sobre cómo actuar en estos casos y enseñará al niño  manejar sus emociones negativas y a enfrentarse progresivamente a sus miedos. Las competencias adquiridas le permitirán sentirse más autónomo, seguro y capaz.

 

José Rivero de Aguilar Iglesia-Caruncho