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Violencia de género: el maltrato psicológico

El 25 de noviembre se celebra el Día de la Violencia de Género. Desde nuestra consulta de psicología Clínica Valdivia en A Coruña queremos contribuir a la fomentar el conocimiento de un problema que afecta a toda la sociedad.

La divulgación  a través de los medios de comunicación de los comportamientos propios del maltrato psicológico ha favorecido que la población sea consciente de que existe este tipo de maltrato, y de que produce secuelas  importantes en la persona que lo sufre.

Sin embargo, es difícil de entender por qué las mujeres maltratadas permiten durante mucho tiempo el maltrato y no se deciden a terminar con esa relación cuanto antes. Y es que comprender los cambios psicológicos que se producen en la mujer maltratada es muy difícil desde la perspectiva de una persona que nunca ha sufrido violencia de género.

El objetivo de este artículo es exponer esos cambios que dificultan a la mujer maltratada ser consciente de lo que está viviendo y reunir las fuerzas suficientes para tomar la decisión de marcharse. Por que como nuestros psicólogos de Clínica Valdivia decimos muchas veces a nuestros pacientes: “la solución no está en ponerte a su altura, en insultarle, gritarle o amenazarle más alto; tu poder está en marcharte, en irte de su lado”.

Aunque a lo largo de este artículo nos vamos a referir a mujeres como las víctimas del maltrato psicológico, puesto que son mayoría, no olvidamos que el maltrato psicológico de la mujer hacia el hombre también existe, aunque es mucho menos frecuente.

Mi novio es egoísta y poco comunicativo

El maltrato psicológico empieza de una manera muy sutil, se va intensificando y puede llegar a desembocar en maltrato físico, del que siempre es la antesala.

Al comienzo de la relación, el maltratador se presenta ante su víctima como su alma gemela o pareja ideal. La bombardea con  mensajes amorosos y de admiración sobre su atractivo, su forma de ser, su trabajo, su inteligencia, sus estudios… Se comporta como el enamorado atento y  solícito, como el príncipe azul que nos muestran la televisión o el cine, siempre  dispuesto a acompañarla a cualquier sitio, presentarla orgulloso a su familia y amigos, comprarle flores, llevarle a cenar, invitarle a algún viaje….

Esa persona, esa pareja ideal que ha tenido la suerte de conocer, de vez en cuando tiene alguna reacción desproporcionada, ante hechos poco importantes, de lo que rápidamente pide perdón, y que la víctima justifica con cualquier argumento.

A veces tiene lugar algún acontecimiento que hace que el maltratador se sienta en una situación de mayor poder y dominio sobre su pareja, como contraer matrimonio, irse a vivir juntos, quedarse embarazada o perder el trabajo y pasar a depender económicamente de él.

El patrón de  conducta de nuestra pareja ideal va cambiando gradualmente y empiezan a aparecer, los silencios, los reproches y las desvalorizaciones. Comienzan las críticas sobre el cuerpo de la mujer, su forma de pensar, su comportamiento, sus gustos, los objetos a los que tiene cariño, su trabajo… El maltratador critica a los amigos y  familia de su víctima; cuando están con ellos  se comporta de  manera inadecuada, lo  que incomoda a la víctima, que poco a poco va evitando esas salidas o reuniones.

Progresivamente empezará a restringirle el dinero; es frecuente que él guarde para sí su sueldo y  los gastos comunes los pague ella; los gastos de la mujer tienen que ser aprobados por él.

El maltratador se muestra indiferente y despectivo ante las necesidades afectivas de la mujer, incluso en los momentos de mayor vulnerabilidad física y psicológica, como el embarazo y el postparto. Cuanto más débil la percibe, más se acreciente su sensación de poder y dominio, y más se agrava la violencia. Se hacen más patentes las amenazas verbales, los gestos o actitudes amenazantes, que pueden acabar derivando en agresiones físicas como zarandeos, empujones o inmovilizaciones.

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¿Por qué las víctimas toleran esta situación durante tantos años?

En la etapa inicial del noviazgo, el “bombardeo amoroso” del maltratador favorece que la mujer se forme una imagen ideal de su pareja; se considera afortunada por haber conocido alguien tan cariñoso y atento. Sus primeros enfados o críticas los considera un hecho aislado y los  justifica con cualquier argumento: cansancio, estrés por el trabajo, preocupaciones cotidianas…

La víctima empieza a sentir que tiene que ayudarle, que sus reacciones  son un hecho puntual, que tiene que ser más comprensiva y tratar de cambiar su propia conducta para evitar que se enfade. Poco a poco normaliza los comportamientos violentos de su agresor e incluso se siente culpable porque interioriza el argumento de que ella ha sido la que ha provocado su ira.

La víctima se aferra a los momentos buenos para justificar la continuidad de la relación. Cree que su pareja es esa persona ideal que conoció, la que después de su agresión pide perdón y se muestra más amable durante un tiempo. No se da cuenta de que el ciclo se repite continuamente y que su pareja es todo, la persona que  pide perdón pero también la que le maltrata. Piensa erróneamente que  sus opciones son la separación o una vida familiar feliz, y no es así. La vida familiar feliz es un deseo, no una opción real; sus posibilidades se reducen a dos, la separación o la continuidad del maltrato.

Las amenazas, críticas y humillaciones  producen temor, baja autoestima, impotencia y debilidad psicológica. El progresivo aislamiento social  genera más dependencia del agresor. Poco a poco la víctima se va debilitando psicológicamente, sometiéndose y cediendo más y más hasta que pierde su propia identidad y se va anulando su personalidad.

El maltrato psicológico por parte de la pareja tiene un impacto emocional intenso

En presencia de él, a la mujer le cuesta tomar conciencia de lo que está viviendo, por lo gradual del proceso y  porque el maltrato  proviene de una persona de la que espera cariño, protección y apoyo. La violencia de género va provocando un proceso sutil de anulación de la personalidad, y una actitud de sumisión y  dependencia emocional. La identidad se va anulando por el aislamiento de amigos y familiares, y por las críticas, reproches, insultos y desvalorizaciones continuos.

La violencia psicológica  tiene consecuencias muy negativas en diferentes ámbitos: económico, social, en la familia de origen, en la salud física y sobre todo, en la psicológica. Los síntomas más comunes son los ansioso-depresivos, que debilitan aún más a la víctima.

Si piensas que puedes estar viviendo una situación como la que describimos, no dudes en consultar con nuestro equipo de psicólogos de Clínica Valdivia  en A Coruña. ¡Queremos ayudarte a salir y te apoyaremos en ese proceso!

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